Vinos de Andalucía / José F. Ferrer – En el Marco del Jerez todo evoluciona a un ritmo muy lento. Parece como si el singular sistema de crianza del vino imprimiera carácter a todo lo que tenga que ver con el mundo del Sherry. La tradición más que centenaria de muchas bodegas, los intereses de las distintas zonas de la comarca y los recelos de todos contra todos, obligan a meditar y discutir mucho entre todas las partes a la hora de tocar alguna de las reglas de juego.
El pleno del Consejo Regulador del vino de Jerez-Xerez-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, aprobó el texto de un nuevo reglamento para las dos denominaciones, cerrando la primera etapa de un debate de meses que ha abierto algunas heridas. Catorce de los dieciocho vocales dieron su apoyo al nuevo texto, mientras que cuatro votaron en contra. Esta amplia mayoría estuvo respaldada por los votos de los vocales de Fedejerez, Asevi-Asaja y Aecovi. En contra votaron Coag y los vocales de las cooperativas de Trebujena y de la cooperativa sanluqueña Virgen de la Caridad. La aprobación de este nuevo reglamento supone un hecho histórico si tenemos en cuenta que el vigente ha cumplido 30 años.
En este texto que se traslada ahora a la Junta de Andalucía para su trámite, se incorpora la prohibición de denominar finos a los vinos de crianza biológica que se elaboren en Sanlúcar de Barrameda. Esta crianza y envejecimiento se limita a las ciudades de Jerez y El Puerto de Santa María. El debate de este punto del nuevo reglamento ha causado alguna fractura en Fedejerez, que ha expulsado a Barbadillo y a Herederos de Argüeso, después de que las dos bodegas sanluqueñas expresaran su desacuerdo con la redacción final del artículo 15, que limita la elaboración de fino a las bodegas radicadas en Jerez y El Puerto y, por lo tanto, impedirá a partir de ahora que las bodegas de Sanlúcar críen y comercialicen fino. Fuentes próximas a las dos bodegas expulsadas de Fedejerez, razonan su postura con el argumento de defender un derecho adquirido históricamente por Sanlúcar. No entienden el motivo por el cual tengan que renunciar a la elaboración de un tipo de vino, que si bien es minoritario en la localidad, ofrece un margen de maniobra a las empresas en el mercado.
Las bodegas dispuestas a aceptar la renuncia de la crianza del fino sanluqueño, argumentan que con esta decisión se defiende la exclusividad del término Manzanilla para Sanlúcar, dejándolo a salvo de la posible tentación de bodegas de El Puerto y Jerez de solicitar la ampliación de la zona de crianza.
Con el traslado del la actual redacción del futuro Reglamento a la Junta, parece que no ha terminado el debate. La alcaldesa de Sanlúcar, Irene García, ha manifestado su “repulsa” ante el nuevo Reglamento del vino aprobado “sin consenso y sin el apoyo de las bodegas” por el Consejo Regulador del Vino, ya que puede acarrear “graves perjuicios” a la ciudad después de “más de 60 años produciendo fino sin problemas”.
García instó a la Comisión Ejecutiva de la Federación de Bodegas del Marco de Jerez (Fedejerez) a que “marque las razones esta decisión desde un punto de vista objetivo, comercial y empresarial” y ha solicitado que se “explique a la ciudadanía por qué limita la producción de fino en la localidad después de tantos años”.
Irene García ha reconocido la dificultad de que Fedejerez cambie su decisión, pese al “consenso importante” del sector bodeguero sanluqueño (más del 85 por ciento de las bodegas), por lo que el Equipo de Gobierno (PSOE) buscará el apoyo del resto de grupos de la corporación, PP, PA, CIS, AS e IU, para solicitar a la Junta de Andalucía la modificación del texto. Su objetivo es trasladar la preocupación de la mayoría de los sanluqueños al consejero de Agricultura y Pesca, Isaías Pérez Saldaña, porque “de llevarse a cabo esta medida definitivamente supondría un importante desequilibrio económico para la ciudad con un descenso de la producción, la pérdida de puestos de trabajo y de la propia fisonomía bodeguera de Sanlúcar desde el punto de vista patrimonial”.
El otro punto de fuerte discusión es el defendido por Coag, que ha visto también rechazada su propuesta de ampliar la zona de crianza a toda la zona de producción, para que Chiclana, Chipiona o Trebujena, elaboraran también Jerez. El Reglamento vigente diferencia entre la zona de producción, donde se puede cultivar uva calificada para su posterior uso en los vinos de la D.O., y la zona de crianza, donde se emplazan las bodegas en las que envejecen y se crían los vinos que más tarde llevarán el distintivo de Jerez/Xerez/Sherry y que pueden usar los mostos de la primera zona para su elaboración.
Las cooperativas de Trebujena, Palomares y Albarizas, con la sanluqueña Virgen de la Caridad y con distintos operadores de Chiclana y Chipiona, van a reafirmar la petición de ampliación de la Zona de Crianza a la Junta de Andalucía, ya que es algo innegociable para COAG que entiende que es necesario para que el reglamento se ajuste a la nueva realidad del marco.
Miguel Pérez, representante de COAG en el Consejo Regulador, ha manifestado que “Es inconcebible que en el Marco de Jerez no exista libertad de empresa para los viticultores. Se ha hecho un esfuerzo inversor en las cooperativas y en otras bodegas en cuanto a tecnología y logística, y ahora estamos en un momento en que no se puede estar a merced de las apetencias de compra de cuatro bodegas. El futuro de miles de viticultores de Trebujena, Sanlúcar Chipiona y Chiclana pasa necesariamente por el acceso al mercado y, para ello, hemos un texto en el que cada uno puede posicionarse como lo desee, con crianza y con renuncia a ella, o en una posición intermedia mediante el uso de menciones tradicionales: No se obliga a nadie, sino que se abren nuevas opciones”.